Cumbre de Copenhague 2009: ¿Última oportunidad perdida?
Muchos se habrán sentido afligidos y decepcionados tras conocer parte de los resultados de la cumbre de Copenhague, ese encuentro (o desencuentro) que se anunciaba como la última oportunidad para hacer frente a lo que muchos científicos y expertos avisan de que es la mayor amenaza que existe a nivel mundial, el archiconocido (actualmente) cambio climático.
La verdad es que desde el principio existía desesperanza, desconfianza y pesimismo en lo que podían acordar los 193 países de la CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) que habían estado negociando en estos 2 últimos años, y que debería haber acabado con un gran acuerdo juridicamente vinculante para reducir las emisiones e impedir que la temperatura de la tierra se incrementara en 2 grados centígrados al final de siglo, crítico límite que marcan los expertos.
Cuando se agotaba la vida de la cumbre llegó “la última esperanza negra”, la persona que sólo por estar ahí iba a desatascar las negociaciones y lo iba a arreglar todo, el “superhéroe americano”, en este caso afroamericano además, lo que podía vencer el abismo entre el mundo desarrollado y al que ahora llaman en vías de desarrollo (término discutible). Obama no es Dios, y no hubo milagro. Sólo se acabó con un simple y vago acuerdo de Copenhague, que para nada garantiza la ralentización del cambio climático y por ende la supervivencia de millones de personas, animales y plantas.
Si ha quedado una cosa clara en esta XV conferencia sobre cambio climático es que el mundo está dividido en 2 partes, norte y sur, y que los dirigentes que nos representan, o la mayoría de ellos, no tienen la visión global que se necesitaría para llegar a un acuerdo para que el mundo entero remara en la misma dirección, hacia la sostenibilidad ambiental, social y económica.
Una vez más, decepción. Sólo nos queda el consuelo de que cada persona es más o menos libre de actuar consecuentemente a favor del medio ambiente, con los gestos cotidianos. Hemos comprobado una vez más que no se puede solucionar con la estrategia “de lo global a lo local”. ¿Qué tal si probamos al contrario?
Podemos pensar que esta era la última oportunidad, y que ya hemos sido derrotados, pero lamentándonos no conseguiremos nada. Si no lo consiguen nuestros dirigentes, consigámoslo nosotros.
¡Paremos el cambio climático!
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